miércoles, 2 de noviembre de 2011

Día de muertos


A Manuela Rodríguez

Monteverde de Villa:
remolino de llanto
y alegría que es ya polvo.

Un lecho de crepé
y gladiolas
alumbrado con velas
encima de una nana dormida
que hace poco conoció el descanso.

Ya viene el ritual de la tarde
y tú, nana, seguro estás rezando.

Tus hijas rememoran el año anterior
y el dolor de junio.
Tus hijos ya se embriagan
y ese peso triste se asoma por sus ojos
que no lloran.

Selene Ortega
2 de noviembre de 2011
San José del Cabo

martes, 23 de agosto de 2011

Poema de Claudia Isabel Quiñónez

SELENE ORTEGA


Yo veo el mar
para tocar el sonido de las olas
Es el agua de tus ojos un río de cometas

Ven, ven
cae
Te he de decir:


Yo veo el mar

Alma- mar
hilando el mar

poema


Madre, ¿ves?
La niña ha vendido el pan
Ten,

en sus ojos yo veo el mar


Claudia Isabel Quiñónez
8 de Agosto del 2011
Culiacán, Sinaloa

viernes, 12 de agosto de 2011

"Te amo ahí contra el muro destruido"

Te amo ahí contra el muro destruido
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos

Te amo contra tus ojos que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio

Te amo más allá de puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se hundieron ascendiendo
ventanas periódicas y estrellas

Te amo contra tu alegría y tu regreso
contra el dolor que astilla tus seres más amados
contra lo que puede ser y lo que fuiste
ceremonia nocturna por lugares fantásticos

Te amo contra la noche y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invencible de los muertos.


Homero Aridjis

miércoles, 15 de junio de 2011

jueves, 2 de junio de 2011

Luto


Yo soñando con flores.

Y mi abuela amaneció en su lecho toda muerta.


Y me he quedado huérfana

de espíritu

con una tristeza que es

más grande que esta

vida sin ella.


Cerró sus ojos

para vencer su dolor de años

y nos dejó solos a todos,

en una tierra

que terminó de morir con ella.


Mi nana se ha ido

y yo me quedé aquí

con el eco de su última bendición

que fue más fuerte que

todas mis victorias.


Está toda muerta,

dormida, sin una queja.


Y aquí todos lloran:

sus diez hijos,

sus decenas de nietos

y bisnietos.

Los dichosos tataranietos

ni sabrán enterarse.


Aún la tibieza no abandona

su cuerpo diminuto y frágil.


Y yo quiero ser dueña de los aires

para poder alcanzarla así,

para arrullar su sueño perpetuo

y rozar su cabello largo e inerte.


En Monteverde

ya perdieron el brillo las flores

porque hoy

amaneció muerta doña Manuela.




Selene Ortega

Los Cabos

2 de junio de 2011

10:00 am