
II
Te he buscado entre voces deformes,
en los andares grises del abandono,
te he pensado en el tacto mustio de mi vida
y nada.
Como si no existieras.
Un Rubinstein medio cómplice
me daba pistas descarriadas entre las notas de su piano.
Y una nada sorda.
Recorrí otros cuerpos
pidiendo señas y te extraviaba más.
Aspiré tu olor añil una noche en que temblaba,
cerré los ojos y te escuché decir:
verde y triste luna sin marino.
Selene Ortega
Navolato, Sinaloa
23-abril-2010